Ya no podía resistirme. La promesa la dejaría atrás, era inevitable para mí no pasar por ese lugar y más aún si ella estaría allí. Y si un día no la veía nunca más? Y si los horarios cambiaban y no me la cruzaba por el barrio? Le dije adiós a la promesa, por primera vez en 10 días cruzaría la plaza Liber Seregni para ir al liceo. Que más daba! En 10 días me había privado de verla y aún así mi cabeza no se ocupaba de otra cosa que de recordarla. No saber nada de ella, me alteraba más. Por las noches solo me imaginaba su voz hablándome, que era lo único que le conocía además de su apariencia.
Y aquella promesa, sería la primera en no cumplirse de mi parte. Me la había hecho a mi mismo, así que nadie se decepcionaría de mi, quizás yo un poquito, pero no me interesaba si el precio a pagar, era verla.
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